Friday, August 05, 2005
Asesinos de vacaciones
El policía que disparó siete veces a la cabeza del brasileño Jean Charles de Menezes en Londres está de vacaciones con su familia. El 22 de julio, unos 20 agentes de la policía británica vestidos de civil siguieron al joven brasileño al salir de su casa. Sospechaban que era un terrorista dispuesto a cometer un ataque suicida; la sospecha tenía que ser muy fuerte, porque le dispararon ocho veces cuando ya lo tenían inmovilizado en el suelo. Muchas voces han disculpado a los agentes. Han dicho que se trató de “un error”. Las llamadas ejecuciones extrajudiciales, desgraciadamente, son algo frecuente. Esta semana en Roquetas de Mar, Almería, nueve agentes de la guardia civil española mataron de una paliza a un agricultor de la zona que se había acercado a denunciar que le estaban persiguiendo. A los guardias les pareció sospechoso el nerviosismo del hombre y pensaron que estaba borracho. Le dieron patadas y puñetazos durante un buen rato, se turnaron para golpearle mientras estaba en el suelo, sin oponer resistencia. Entre todos los comentarios y declaraciones, el de un representante del sindicato de la guardia civil no tiene desperdicio. Dice que el fallecido fue “sujeto activo de su propia muerte”. Que los agentes “no han incurrido en ningún tipo de acción dolosa o imprudente, ya que la muerte es consecuencia de la actividad de resistencia de la persona fallecida”. Me recuerda a una escena de la película Porky’s. El protagonista llega con la cara destrozada y cuando le preguntan qué había pasado, responde que le había roto el puño a cabezazos a un tipo que se había peleado con él.
En Almería recuerdan el caso de tres jóvenes asesinados hace 20 años también por la guardia civil. Como en Londres, los agentes pensaron que se trataba de terroristas. En Caracas, los responsables del asesinato de tres estudiantes universitarios el pasado 27 de junio siguen sin castigo. Los jóvenes no se detuvieron ante un grupo de hombres sin uniforme, con pasamontañas y armas largas que les dieron la voz de alto. La historia en Venezuela es bien conocida. A dos de los estudiantes los mataron en un callejón, después de golpearlos y someterlos. El término “ejecuciones extrajudiciales” es engañoso. Son asesinatos.
En Nigeria, una comisión investiga la muerte de seis comerciantes. Los mató la policía en extrañas circunstancias. Dos días antes en Abuja, la capital, un oficial de la armada mató también a tiros a un joven motorizado que le había chocado su automóvil.
The Washington Post publicó esta semana que en una reunión entre directores de policía de varios países se había recomendado el “disparar a matar” como una forma legítima de lucha contra “presuntos” o supuestos” terroristas suicidas. Los policías sólo necesitan una “base razonable” para tomar su decisión de meterle a alguien una bala en la cabeza. Cualquier persona con abrigos gruesos, mochilas, protuberancias, o que demuestre nerviosismo o “sude mucho”, se convierte en candidato. Parece que el mundo se venezolaniza. Y es que los venezolanos estamos acostumbrados a la arbitrariedad de las “fuerzas del orden”. Recuerdo cómo, hace 10 años, funcionarios de la policía ametrallaban de madrugada la fachada de un medio de comunicación que había destapado una de sus ejecuciones. Habían asesinado a dos detenidos. En las imágenes se les veía entrar esposados en el furgón policial por su propio pie y después aparecieron acribillados en la morgue. La versión oficial hablaba de un “enfrentamiento”. También un estudiante fue fotografiado al entrar a una patrulla de policía sin ninguna herida. Horas después aparecía tiroteado por oponer “resistencia”. Una vez me tocó presenciar en el centro de Caracas cómo la policía mataba por error a un vendedor ambulante durante una persecución a unos atracadores. Al día siguiente, el parte policial hablaba de un delincuente muerto que había disparado contra los agentes. La verdad nunca se supo. Su viuda pronto se cansó de reclamar. En Venezuela, si no tienes dinero, tampoco tienes justicia. Como dice un viejo refrán de la profesión periodística: las páginas rojas de los diarios son la sección de sociales de los pobres. Buenas vacaciones.
En Almería recuerdan el caso de tres jóvenes asesinados hace 20 años también por la guardia civil. Como en Londres, los agentes pensaron que se trataba de terroristas. En Caracas, los responsables del asesinato de tres estudiantes universitarios el pasado 27 de junio siguen sin castigo. Los jóvenes no se detuvieron ante un grupo de hombres sin uniforme, con pasamontañas y armas largas que les dieron la voz de alto. La historia en Venezuela es bien conocida. A dos de los estudiantes los mataron en un callejón, después de golpearlos y someterlos. El término “ejecuciones extrajudiciales” es engañoso. Son asesinatos.
En Nigeria, una comisión investiga la muerte de seis comerciantes. Los mató la policía en extrañas circunstancias. Dos días antes en Abuja, la capital, un oficial de la armada mató también a tiros a un joven motorizado que le había chocado su automóvil.
The Washington Post publicó esta semana que en una reunión entre directores de policía de varios países se había recomendado el “disparar a matar” como una forma legítima de lucha contra “presuntos” o supuestos” terroristas suicidas. Los policías sólo necesitan una “base razonable” para tomar su decisión de meterle a alguien una bala en la cabeza. Cualquier persona con abrigos gruesos, mochilas, protuberancias, o que demuestre nerviosismo o “sude mucho”, se convierte en candidato. Parece que el mundo se venezolaniza. Y es que los venezolanos estamos acostumbrados a la arbitrariedad de las “fuerzas del orden”. Recuerdo cómo, hace 10 años, funcionarios de la policía ametrallaban de madrugada la fachada de un medio de comunicación que había destapado una de sus ejecuciones. Habían asesinado a dos detenidos. En las imágenes se les veía entrar esposados en el furgón policial por su propio pie y después aparecieron acribillados en la morgue. La versión oficial hablaba de un “enfrentamiento”. También un estudiante fue fotografiado al entrar a una patrulla de policía sin ninguna herida. Horas después aparecía tiroteado por oponer “resistencia”. Una vez me tocó presenciar en el centro de Caracas cómo la policía mataba por error a un vendedor ambulante durante una persecución a unos atracadores. Al día siguiente, el parte policial hablaba de un delincuente muerto que había disparado contra los agentes. La verdad nunca se supo. Su viuda pronto se cansó de reclamar. En Venezuela, si no tienes dinero, tampoco tienes justicia. Como dice un viejo refrán de la profesión periodística: las páginas rojas de los diarios son la sección de sociales de los pobres. Buenas vacaciones.