Tuesday, August 23, 2005
El engaño del piano
Los medios se sorprenden porque el “Piano Man” era una farsa. El misterioso hombre encontrado en una playa británica, casi autista pero que supuestamente tocaba el piano como un virtuoso ha engañado a medio mundo. Ni autista, ni perdido, ni pianista. Sólo un joven que se quedó sin trabajo en Francia y se fue a “celebrar” la pérdida de su empleo con una monumental burla global.
Las farsas y los engaños masivos no son tan excepcionales. Lo que más me llama la atención del caso del “Piano Man” es cómo captó desde el principio el interés de personas en todo el planeta. Porque, hablemos claro, personas extraviadas, enajenadas mentales, e incluso secuestradas, hay miles en el planeta y nadie les hace caso. Decenas de miles de niños morían de hambre en Níger mientras los noticieros y periódicos dedicaban minutos y páginas al extraño caso del “Piano Man”.
Será porque recordaba al genial pianista retratado en “Shine”. O simplemente porque era blanco y europeo. El público de decenas de países se preguntaba qué le pasó a ese joven, qué profunda tristeza o tragedia personal le hizo desenchufarse del mundo. Y su historia aumentó los ratings y la circulación.
Los elementos que disparan la atención de los medios y del público no son siempre lógicos, ni mucho menos justos. Elian González, Mónica Lewinski, personajes, símbolos. ¿Qué tienen que hacer los enfermos de sida en África para captar la atención de los medios, aparte de ser abrazados por Bono? ¿Hay posibilidad para los niños huérfanos de obtener nuestra atención si no están cerca de Angelina Jolie? ¿Qué tienen que hacer los pobres para salir en las noticias?
Hace unos años, en una autopista venezolana, un niño que trabajaba como vendedor ambulante se acercó a la camioneta en la que íbamos. El vehículo estaba identificado con el logotipo de la televisora para la que yo trabajaba. El niño lo identificó y vino hasta nosotros para preguntar, ingenuamente, qué tenía que hacer para salir por televisión. El camarógrafo, sin casi pensarlo, le dijo: “Roba un banco”. Todos nos reímos por la ocurrencia, incluido el niño. El camarógrafo, para enmendar su hiriente franqueza repentina, le aclaró que lo que debía hacer era estudiar mucho y portarse bien. Nos alejamos y se hizo un silencio. Comprendimos que el niño tenía muy pocas opciones de aparecer en las noticias si no era como delincuente o como víctima. Todo lo demás es “caliche”, como decimos los periodistas cuando algo no interesa.
Las farsas y los engaños masivos no son tan excepcionales. Lo que más me llama la atención del caso del “Piano Man” es cómo captó desde el principio el interés de personas en todo el planeta. Porque, hablemos claro, personas extraviadas, enajenadas mentales, e incluso secuestradas, hay miles en el planeta y nadie les hace caso. Decenas de miles de niños morían de hambre en Níger mientras los noticieros y periódicos dedicaban minutos y páginas al extraño caso del “Piano Man”.
Será porque recordaba al genial pianista retratado en “Shine”. O simplemente porque era blanco y europeo. El público de decenas de países se preguntaba qué le pasó a ese joven, qué profunda tristeza o tragedia personal le hizo desenchufarse del mundo. Y su historia aumentó los ratings y la circulación.
Los elementos que disparan la atención de los medios y del público no son siempre lógicos, ni mucho menos justos. Elian González, Mónica Lewinski, personajes, símbolos. ¿Qué tienen que hacer los enfermos de sida en África para captar la atención de los medios, aparte de ser abrazados por Bono? ¿Hay posibilidad para los niños huérfanos de obtener nuestra atención si no están cerca de Angelina Jolie? ¿Qué tienen que hacer los pobres para salir en las noticias?
Hace unos años, en una autopista venezolana, un niño que trabajaba como vendedor ambulante se acercó a la camioneta en la que íbamos. El vehículo estaba identificado con el logotipo de la televisora para la que yo trabajaba. El niño lo identificó y vino hasta nosotros para preguntar, ingenuamente, qué tenía que hacer para salir por televisión. El camarógrafo, sin casi pensarlo, le dijo: “Roba un banco”. Todos nos reímos por la ocurrencia, incluido el niño. El camarógrafo, para enmendar su hiriente franqueza repentina, le aclaró que lo que debía hacer era estudiar mucho y portarse bien. Nos alejamos y se hizo un silencio. Comprendimos que el niño tenía muy pocas opciones de aparecer en las noticias si no era como delincuente o como víctima. Todo lo demás es “caliche”, como decimos los periodistas cuando algo no interesa.
Comments:
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supongo que el franco camarógrafo fue William Betancourt (mejor conocido en los bajos fondos como "Betan") y su ataque de "remiendo" lo originó algún codazo?
Ajá! El que le dijo al niño que robara el banco fuiste tú, David Anglés, no el camarógrafo. El camarógrafo lo que hizo fue decirle un día a un chino que la cámara, que tan extraña le parecía, la había hecho su papá.
Sólo para que conste en acta. El comentario NO lo hizo el gran Betancourt,primero que nada porque eso sería impropio de él, una PERSONA con todas las letras. Y aunque es verdad que hubiera podido ser yo el autor de la frase, lo cierto es que fue otro compañero de cuyo nombre no quiero acordarme.
Y mira Bichín, sólo te digo una cosa. Te quiero y me quedo corto. Escribe por canales regulares para saber de ti, monstruo.
Y mira Bichín, sólo te digo una cosa. Te quiero y me quedo corto. Escribe por canales regulares para saber de ti, monstruo.
Que triste que las cosas sean así...pero es parte del ser humano solo le interesan lo que suene a escándalo o a chisme, como le encanta la vida ajena...pero cuando es para ser solidario con una causa que no deja nada más una satisfacción personal, se lo cuestiona o se hace el loco...me he topado con gente así...cuando hay que trabajar de gratis o hacer algo noble nadie es voluntario, imagino que es algo similar con todo lo que entra a la agenda de la opinión pública, ¡entra si vende!
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