Sunday, May 22, 2005

 

Sirenas

Acabo de ver un documental de Discovery Channel sobre los manatíes de Florida. Y, faunas aparte, no puedo evitar pensar en cómo cambia la noción de belleza. Se cree que la idea de las sirenas, esos mitos del erotismo siempre mojados, surgió a partir de la observación de los manatíes por los antiguos. Entiendo que por ejemplo el pobre Ulises viera mujeres en cualquier sitio, después de años de verano, guerras y soledad entre sus colegas marineros. Pero si los gordos y bigotudos manatíes le parecieron hermosas y tentadoras damas, me gustaría haber conocido a su esposa en Ítaca, por la que tanto suspiraba, no vaya a ser que se tratara también de otra “foca” terrestre. Y qué decir de la “bella” Elena, causante de guerras y disputas. La idea que de ella tenía Homero no debía ser ni parecida a la de nuestra “bella” Diane Kruger, la protagonista de la película “Troya” de 2004, mucho más del estilo de Daryl Hannah en "Splash", una sirena completamente adaptada al gusto actual.
En la antigüedad, una de las características físicas que más calientes ponían a los que soñaban con sirenas era si éstas tenían o no ombligo. En caso de tenerlo, eso significaba que ese ser maravilloso era fruto de la unión carnal entre el mar y la tierra, y eso las hacía aún más apetecibles. El morbo debía estar en descubrir ese ombligo entre tantos pliegues de grasa.

Tuesday, May 17, 2005

 

Una frase más

“Cuanto más intentamos retornar a la edad heroica de la sociedad tribal, con tanta mayor seguridad desembarcamos en la inquisición, la policía secreta y el gansterismo teñido de colores románticos”
Karl Popper.

 

Cuando la miel se acaba

Tras más de 25 años de trabajo como psicoterapeuta, el Dr. Paul Watzlawick, uno de los especialistas en psiquiatría más reconocidos de Europa y América, llegó a una conclusión: la luna de miel debía ser prohibida por decreto.
Ese momento al que se le atribuye toda la esencia de la magia y del romanticismo es no sólo causa de malentendidos e insatisfacciones, sino que constituye una prueba que puede dejar a cualquier matrimonio “hundido” o, al menos, “tocado”.
A veces no hace falta ni siquiera llegar a ella. Les puede pasar como a mí. La única fuente de discusiones, peleas y noches de “o te vas a dormir al sofá o me voy yo” que tuve antes del matrimonio fue por culpa de la luna de miel.
Un buen día, a mi mujer se le ocurrió decir que para ella lo del viaje de novios no era importante, que lo que realmente le entusiasmaba era la celebración de la boda. Y yo de pendejo le creí.
Ahí comenzó todo. Un día se me ocurrió decir que para ahorrar nos podíamos ir un fin de semana a un hotelito en Margarita o cualquier otro lugar que fuera barato, porque ya nos estábamos gastando un montón de plata en el matrimonio y no era cuestión de descapitalizarse por “cosas secundarias”. Mejor no hubiera abierto la boca.
Por días y noches, con sus mañanas, sus tardes y sus mediodías, me tocó aguantar la cantinela de que claro, para ella el romanticismo sí era importante y que claro, ella esperaba que yo hubiera tenido un gesto bonito y algo de iniciativa y no… esto. Todo aderezado con lagrimones calibre 45.
Y entonces el alma cándida que reside en todo hombre me hizo pronunciar: “Coño, cielo. Si para ti es importante, pues nos vamos a donde sea. Después ya veremos”. Y pensé que había dado con la solución.
Los psicólogos describen este problema como “la paradoja de la espontaneidad impuesta”. Ya el mal estaba hecho. Si yo decía que sí quería una luna de miel “bonita” era porque ella me había obligado, es decir, que no era algo “que saliera de mí”. Pero si no lo decía…
Y debo confesar que a pesar de todo soy uno de los afortunados. Mi luna de miel fue el mejor viaje de mi vida. Una semana por varias islas del Caribe y “a todo dar” como dicen los mexicanos. Claro, que de baratito, nada de nada. Pero es que otros amigos no sobrevivieron. Uno fue sorprendido por su recién estrenada esposa mientras intentaba entablar más que conversación con una joven en el bar del hotel en el que se hospedaban. ¡Uyyyy…!
Otro pasó todo el viaje sin hablar con su mujer porque sentía que ella lo despreciaba, mientras que para la flamante esposa aquélla era la ocasión perfecta de estrenarse en su nuevo papel delante del resto de la sociedad. Un amigo tuvo que escuchar cada día el llanto y los reproches de su esposa porque se habían metido en un viaje de diez días por Europa que implicaba caminar todo el día, moverse en un autobús compartido con una panda de jubilados y cero posibilidad de romance. El único detalle es que el viaje lo había escogido ELLA. En fin, como dice una amiga muy inteligente: “A las mujeres no hay que entenderlas, hay que quererlas”.

 

Frase de hoy

“Rectificar no es de sabios, es de equivocados”
Anónimo.

 

Prohibido prohibir

El alcalde del municipio colombiano de Icononzo, Ignacio Jiménez Romero, acaba de dictar un decreto que seguro entrará en el Salón de la Fama de las órdenes incumplibles. Al bueno de Jiménez no se le ocurrió otra cosa que “prohibir el chisme” y amenazar con multas y con cárcel a cualquiera de los doce mil vecinos de su pueblo que se atreva a incursionar en las artes de la chismografía. "No le tengo tanto miedo a los guerrilleros o a los paramilitares como a la lengua de los chismosos", dijo el alcalde.
Habladuría, chisme, cotilleo, falso testimonio, palabrería, marujeo, murmuración, enredo, patraña, cuento. Una actividad que pueda ser designada con tantos nombres demuestra una vitalidad inusitada y deja claro que tratar de limitarla es un ejercicio de inocencia, por no decir ignorancia. También hay un componente de vanidad en el que piensa que puede tapar el sol “por decreto”. En Venezuela, la última reforma del Código Penal establece penas de cárcel para el que hable mal del Presidente o de algún otro alto funcionario público. Como herramienta de persecución está muy bien, pero para evitar mentadas de madre colectivas tras cada “Aló, Presidente”, haría falta una policía del pensamiento mucho más eficiente que la imaginada por Orwell en 1984. Porque con cárcel y todo, siempre queda el “derecho a pataleo” como se dice en Venezuela y a recordar que el Emperador no sólo está desnudo, sino que además es feo.
Lo que más mérito tiene es intentar imponer estas normas absurdas en un subcontinente que se desarrolló desde la época colonial con el célebre “Se acata, pero no se cumple”. Así recibían los funcionarios las órdenes que llegaban de Su Majestad desde la lejana metrópoli. ¡Qué sabrá el Rey ése de lo que pasa en Bucaramanga o en San Juan de los Morros!, debían pensar con buen criterio aquellos hombres.
Pero no sólo en el trópico la desobediencia tiene premio. La muy exquisita emperatriz María Teresa instituyó una orden militar que llevaba su nombre y que se convirtió en la más prestigiosa de todo el Imperio Austrohúngaro hasta el fin de la primera guerra mundial. La condecoración la recibían los oficiales que en pleno campo de batalla habían decidido desobedecer las órdenes de sus superiores y que, actuando por su cuenta, derrotaban al enemigo. A los que no ganaban la batalla, claro está, lo que les esperaba en el mejor de los casos era un tribunal militar.

Saturday, May 07, 2005

 

Imposturas

Ayer en el periódico una colega entrevistó por teléfono a un super gurú de los negocios. El tipo le dijo que acababa de inventar “el marketing del Siglo XXII”. Y se quedó tan tranquilo. ¡El del Siglo XXII! Pero señor, ¡si estamos en el 2005! Como venganza, al personaje no habría que comprarle un libro durante los próximos 95 años para castigarlo por su prepotencia. Y además, cada vez que fuera a hablar habría que decirle: “Silencio, eso no toca, los que pensamos morir en el Siglo XXI, no tenemos tiempo para pendejadas”. En el mercado de las ideas la competencia es feroz. Todo el mundo busca una gran frase que le dé sus 5 minutos de gloria y su millón de ejemplares vendidos. El de los “7 Hábitos…” acaba de sacar otro libro con un nuevo “octavo hábito” que antes no había mencionado. Y si los 7 anteriores cabían todos en un libro, es decir, que salía a hábito por capítulo, cómo es que éste necesita de un libro entero. Será que había que rellenar porque no se le ocurría un noveno. Pues lo siento por todos los que repetían el primer libro y que ahora tendrán que actualizar sus presentaciones en Powerpoint. En Inglaterra, un monje predijo en un libro que el mundo se iba a acabar en 1653. En el año 1654, publicó un segundo libro diciendo que lamentaba que el mundo se hubiera acabado el año anterior y nadie se diera cuenta. Y es que, como dicen en España, algunos tienen más cara que espalda. En la primavera de 1996, Alan Sokal publicó un artículo en la prestigiosa revista Social Text. El título era muy sencillo y daba pistas de por dónde iba el tema: “Transgredir las fronteras: hacia una hermeneútica transformativa de la gravedad cuántica”. Todo era una patraña. El autor quería demostrar que el lenguaje científico se vale de una jerga incomprensible que en el fondo termina por no decir nada. Se burló de la revista y se dedicó a denunciar a grandes pensadores que utilizan términos y teorías científicas de manera poco escrupulosa.
Pero para impostura, la de un antiguo compañero de universidad. Al regreso de un viaje por México, le preguntamos qué tal le había parecido el D.F. Su respuesta nos dejó boquiabiertos: “Lo que más me sorprendió fue la tensión dialéctica entre la iconografía y el grafismo”. Como diría un mexicano: “No mames, güey”.

 

Frase del mes

“Hay muchas personas que tienen que ganarse la vida mientras la pierden”.
Juan Manuel Lillo, entrenador de fútbol

 

¡Maradooooo!

Entre el Maradona que dribló a media selección inglesa en México 86 y el que le pidió trabajo a Chávez en Venezuela hace un par de meses, hay un mundo de distancia. El Diego es un mito, un Dios para muchos amantes de su exquisito fútbol, y un demonio para otros que lo ven como un ejemplo de degradación humana. Hay una entrevista de la BBC a Maradona cuando tenía unos 10 años y ya era un fenómeno con el balón. El periodista le pregunta cuál es su sueño y el Pelusa contesta que jugar un Mundial con la selección argentina. Toda la vida de Maradona giraba en torno al fútbol. De su casa muy pobre en Villa Fiorito pasó a ser el ídolo de la hinchada de Boca, del Barcelona y, prácticamente, el Rey de Nápoles. Para soportar ese cambio hay que ser un fenómeno como persona, y ya Maradona tenía bastante con ser el mejor jugador de fútbol del mundo. Para convencerse de que era el número uno, no hacía ni falta verle jugar. Bastaba con mirarle tocar el balón durante los calentamientos antes de los partidos. Recuerdo una imagen suya tocando el balón en el estadio del Nápoles al ritmo de la canción “Life is life” y todo el público aplaudiendo. Nadie quería que el partido comenzara. La revista argentina “El Gráfico” comenzaba uno de sus editoriales de los años 80 diciendo: “Que Diego Armando Maradona es el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos, es una verdad tan incuestionable como que Roma es la capital de Italia”. La revista enumeraba sus razones y remataba de nuevo: “¡Como que Roma es la capital de Italia!”
Amén.

 

La Casa de tu vengué

-Me ha dicho que pondrá color vengué.
-¿Y eso qué es?
-Como el que tenemos en el baño de arriba.
-Ah, coño. Marrón oscuro.
-No, es vengué. Y en el salón, ¿qué color pondrías?
-No sé, naranja.
-Bueno, yo pensé en garbanzo.
-Pero, qué garbanzo. ¿Y si el garbanzo está pocho? ¿Qué color es ese?
Esta conversación de una pareja hace un par de semanas en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, ilustra dos cosas. Que la revista “1000 Trucos para la Casa” tiene futuro y que Telecinco ha acertado de nuevo con “La Casa de tu Vida”, esa vuelta de tuerca de la telerrealidad que comenzó su segunda edición. En el programa, varias parejas se encierran en una casa estilo Gran Hermano con el pretexto de construir una nueva vivienda y, mientras tanto, obsequiarnos con una retahíla diaria de insultos, gritos, chismes, llanto, celos y peleas. Un éxito seguro. El casting no tiene desperdicio: hay una pareja de novios que sólo se conocían por Internet, un gay que experimenta con una relación heterosexual, dos raperos andaluces que se dicen “brother” cada dos segundos, y una chica asturiana cuya cara debe aparecer de ahora en adelante en todos los diccionarios ilustrados al lado de la definición de “celosa compulsiva”.
Creíamos que ya lo habíamos visto todo, pero no. El famoso “You’re fired!” de Donald Trump va por su tercera temporada y ha creado escuela también en el Reino Unido. “Mujeres tras las rejas”, o la versión porno de Operación Triunfo son otras de las apuestas de las cadenas. Los que auguraban que este tipo de programas eran flor de un día se lo estarán pensando un poco mejor. Y mientras el interés se mantenga, las nuevas ideas fluirán. Un compañero presentó hace poco un proyecto titulado “Una Segunda Oportunidad”, un reality en el que parejas divorciadas se reúnen para concursar. “El programa no busca la reconciliación. Puede pasar, o pueden conocer a alguien nuevo dentro de la casa. Pero estarán obligados a dialogar y a consensuar todas las decisiones”, comenta el creador. Poner a divorciados a conversar, eso sí es sadismo. Como dijo Alfred Hitchcock, “la televisión ha devuelto al crimen a su origen: el hogar”.

 

YO

Graciela, una amiga argentina, cada vez que leía o escuchaba algo que le resultaba muy interesante o ingenioso exclamaba: “¡Qué hombre tan inteligente, piensa como yo!” Es habitual que busquemos apoyo a nuestras propias convicciones. Bush gana elecciones y la Fox sube en audiencia. Compro mi periódico, escucho mi programa de radio y veo mi noticiero de televisión, no los del otro, los del adversario, los del enemigo.
Nos movemos en manadas autorreferenciales y aún así cambiamos constantemente. Porque, qué sentido tiene el término “yo”, sino como simple localizador. Es como decir “aquí” o “allá”. No se trata de un concepto fijo, es algo relativo, que se modifica según el momento o la posición. No tengo nada que ver con el “yo” de hace diez años y aún así me reconozco en él. Un antiguo proverbio cuenta que un grupo de ciegos trataba de identificar a un elefante. Uno tocó la cola y dijo que era una cuerda, otro sintió una pata y pensó que era un tronco. Como el elefante, el concepto de YO, así, en mayúsculas, es demasiado grande para comprenderlo todo de una sola vez y lo que nos queda son sólo los fragmentos.

Tuesday, May 03, 2005

 

Ellos las prefieren brutas

Advertencia: este es un elogio de las mises. Sí, esas chicas cuya única virtud es estar muy buenas, pero que no son capaces de articular dos frases seguidas o de leerse algo que no sea la portada de Cosmopolitan. Todos recordamos las anécdotas de las concursantes que quedan en ridículo cuando dicen que les encanta la obra literaria de Walt Disney, la música de Shakespeare, o cosas por el estilo.
He tenido la suerte de conocer a muchas de estas jóvenes, de ser amigo y de trabajar con algunas de ellas. Todas tienen una cosa en común: su enorme disciplina y su capacidad de trabajo.
Para llegar al concurso y para hacer luego carrera como modelos, actrices o animadoras, se acostumbran a comer poco, a ejercitar mucho, a estudiar y a no salir, no trasnochar o no beber alcohol.
Hace poco Norelys Rodríguez, una de las jóvenes “perlas” del Miss Venezuela, le ganó a 150 mujeres de todo el mundo en el casting para ser la animadora del programa Wild On en español. Muchos de los que las critican por no ser capaces de comentar la obra de Hegel, no tienen idea de la constancia y del esfuerzo que conlleva el trabajo de las mises.
Supongo que detrás de esta creencia popular está el viejo axioma que sostiene que “las mujeres mientras más tetonas, más brutas”. “Y a mí me gustan brutísimas”, suele soltar alguien después como chascarrillo complementario. Muchos hombres tenemos la fantasía de encontrar a Pamela Anderson con una lobotomía. La relación perfecta. Pero las mises no tienen la culpa de nuestras taras. Ni tampoco de que la envidia femenina sea una fuerza tan potente como la ley de gravedad.

 

"Like a Virgin"

En diciembre tomé un ejemplar de la revista Estampas para ver la publicidad (es casi lo único que tiene) y descubrí una técnica de cirugía estética que me sorprendió: la himenoplastia o reconstrucción del himen. Es la posibilidad, gracias a una pequeña intervención ambulatoria, de recuperar la virginidad perdida. Después me enteré de que hay toda una gama de posibilidades para acomodar y retocar la vagina. Reducir o mejorar los labios menores, inyectar grasa en los labios mayores y otras técnicas para rejuvenecer la vulva, que por lo visto también tiene sus “líneas de expresión”.
Pero lo que más me llamó la atención fue lo de reparar el himen. Miré la página web del Instituto de Rejuvenecimiento Vaginal con Láser de Michigan, un centro de apariencia solvente, que promete dejar a la paciente “como si nada hubiera ocurrido”. O sea, que si fuiste “impaciente”, ahora con ser “paciente” por unas horas, problema arreglado.
Todavía hoy las mujeres tienen la necesidad de recurrir a estas argucias. La virginidad sigue siendo un valor, a pesar de todo. Recuerdo el caso de una amiga a la que llamaban “la cinco minutos”, porque tenía “300 segundos”. Cada vez que se acostaba con un hombre le decía que él era “el segundo” en su vida. “Claro, lo de ser el primero no se lo traga nadie”, reconocía ella con picardía.
Pues ahora todo es posible. “El Instituto de Rejuvenecimiento Vaginal con Láser está consciente de las necesidades de las mujeres de todas las culturas para las cuales el tema de la virginidad es muy importante por razones sociales, culturales o religiosas”.
Más adelante dicen que “la virginidad se puede perder debido a relaciones sexuales, ejercicios y deportes”. Lo de los deportes puede ser una solución interesante, pero para no tenerle que echar la culpa a la gimnasia o a la equitación (que puede levantar sospechas), es mejor pasar por el quirófano y a fingir, que son dos días.
Ya nos habíamos acostumbrado a la silicona, al wonder-bra, a las extensiones y a tantas otras cosas, pero ahora será más difícil distinguir entre apariencia y realidad. Hombres de 78 años pueden desvirgar, Viagra mediante, a flores sesentonas reparadas para la ocasión. Eso sí es una nueva juventud.

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