Sunday, September 04, 2005
U LOOT – WE SHOOT
Ya se habla de la peor tragedia en la historia reciente de Estados Unidos. Katrina golpeó muy fuerte en toda la costa del río Mississipi, pero la ciudad de Nueva Orleáns se llevó la peor parte, por el fallo de sus diques de protección. Como dice Manuel Castells, profesor de la Universidad de Berkeley, “el colapso de Nueva Orleáns no es un desastre natural, sino una calamidad social y política”.
Ayer, el gobierno de Estados Unidos pidió ayuda humanitaria a la Unión Europea. Pero ya desde 2002, los expertos alertaban de la precariedad del sistema de diques. Aseguraban que un huracán de nivel 3 podía provocar inundaciones importantes. Un año antes, un informe del Congreso recomendó una modernización en los diques y declaró a la ciudad como “zona potencialmente catastrófica”.
Pero nada se hizo. Además, cuando llegó la orden de evacuación, no hubo ningún plan público de desalojo. Las personas más pobres de la ciudad quedaron atrapadas. Para salir hacía falta tener un auto y dinero para subsistir fuera.
Ahora sorprenden a medio mundo las imágenes de personas disparando a los helicópteros de rescate. Y digo medio mundo, porque el otro medio conoce de primera mano la rabia y las explosiones de violencia que se dan cuando ciertos sectores marginados y deprimidos perciben un momento de caos en el que pueden tener su pequeño momento de “venganza”.
Ahora, la industria más próspera en Nueva Orleáns no es ni siquiera la reconstrucción. Son las armerías. La población compra pistolas y fusiles para defender sus propiedades. “U LOOT – WE SHOOT” (Ustedes saquean, nosotros disparamos), podía leerse en la pared de una casa. Me recordó inevitablemente a los mensajes escritos en las paredes de las casas del Estado Vargas en Venezuela, después de las terribles inundaciones de 1999. No justifico las muestras de violencia gratuitas, pero atacar solamente las consecuencias nos dejará nuevas casas pintadas con avisos similares con cada nueva catátrofe.
Ayer, el gobierno de Estados Unidos pidió ayuda humanitaria a la Unión Europea. Pero ya desde 2002, los expertos alertaban de la precariedad del sistema de diques. Aseguraban que un huracán de nivel 3 podía provocar inundaciones importantes. Un año antes, un informe del Congreso recomendó una modernización en los diques y declaró a la ciudad como “zona potencialmente catastrófica”.
Pero nada se hizo. Además, cuando llegó la orden de evacuación, no hubo ningún plan público de desalojo. Las personas más pobres de la ciudad quedaron atrapadas. Para salir hacía falta tener un auto y dinero para subsistir fuera.
Ahora sorprenden a medio mundo las imágenes de personas disparando a los helicópteros de rescate. Y digo medio mundo, porque el otro medio conoce de primera mano la rabia y las explosiones de violencia que se dan cuando ciertos sectores marginados y deprimidos perciben un momento de caos en el que pueden tener su pequeño momento de “venganza”.
Ahora, la industria más próspera en Nueva Orleáns no es ni siquiera la reconstrucción. Son las armerías. La población compra pistolas y fusiles para defender sus propiedades. “U LOOT – WE SHOOT” (Ustedes saquean, nosotros disparamos), podía leerse en la pared de una casa. Me recordó inevitablemente a los mensajes escritos en las paredes de las casas del Estado Vargas en Venezuela, después de las terribles inundaciones de 1999. No justifico las muestras de violencia gratuitas, pero atacar solamente las consecuencias nos dejará nuevas casas pintadas con avisos similares con cada nueva catátrofe.